








Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
Latente
2014
Instalación con video-performance y esculturas
Sala C, Centro Cultural Recoleta, 2014
Curadora invitada: Patricia Rizzo
Registro: Estanislao Santos y Daniel Kiblisky
En la rotonda di San Lorenzo, un templo románico iniciado en el 1083 DC y ubicado en Mantova, región Lombarda de Italia, tuvo lugar una de las últimas caminatas rituales de la artista. La condición circular de la edificación, realizada sopra Afrodita, es decir sobre un templo pagano consagrado a la diosa, favoreció a la ejecución de la acción ceremoniosa; Maja lo rodeó repetidamente rozándolo con sus manos hasta el punto de lastimarse.
Con la yema de mi dedo, toco el filo de una boca recitaba reiteradamente mientras acariciaba los muros invocando a la deidad surgida de la espuma del mar. La invocada, “nacida del semen de un dios” Afrodita [i], es en la mitología griega la diosa de la lujuria, la belleza, el amor y la reproducción. Por su equivalencia romana con Venus se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor» tanto en su sentido Eros, la atracción física y sexual como en el sentido romántico, el amor puro. Afrodita Urania figura en los escritos como la celestial, representando el amor del cuerpo y el alma.
Maja relata sus caminatas performáticas vinculadas a la femineidad, de las cuales se exhiben registros editados de las mismas, como si estuvieran preservadas en una instancia espacio-tiempo que no cesa. Como un mantra, a repetición y en una condición precisamente Latente ocurrieron, pero en tanto invocación y por sobre todo acción artística para ella de alguna manera siguen sucediendo es decir, desconnotadas de tiempo, como si el haberlas realizado las hubiera despojado de su condición temporal y continuaran ad infinitum.
En los tiempos presentes, la conceptualización de los rituales ha trascendido el ámbito trascendental o religioso. Desde algunas perspectivas, realizarlos supone inclusive desligarlos del mundo de lo sagrado y lo profano. La noción se asocia a lo especial, a lo que rompe la cotidianidad, a lo extraordinario; a aquello que marca modificaciones en el comportamiento usual, lo que a su vez crea las condiciones para que éste se perciba como especial. También existen ritos que no contienen elemento sagrado alguno, pero que encuentran su lógica en el acto –rito- de efectuarlos y tienen suficiente con su intensidad emocional. En ese sentido, la artista concibe los suyos en una amalgama de esos significantes. Es su deseo transmitir la dimensión simbólica que alcanzaron en su percepción al realizarlas. Lo que se vuelve importante es el tránsito, la caminata, que se convierte en el elemento realmente ritualizado. Hay un desplazamiento que supone que el punto de llegada del camino se difumina, ni siquiera es algo concreto, y el propio caminar adquiere el significado de rito, portador de una dimensión simbólica. Otro aspecto referido a la peregrinación es el “sacrificio”, el cual supone usar el cuerpo para entrar en contacto con lo sagrado, trascender los propios límites para disponer de un estado psíquico y físico distinto del habitual. Estas instancias coinciden con sus intencionalidades.
La preparación de cada objeto presente en la muestra habla también de la búsqueda de un lenguaje no verbal que pueda incluir al espectador dentro de esos ámbitos particulares. Tanto los registros, así como también parte de los atavíos que utilizó y otros elementos en la sala de exhibición intentan dar un marco que ponga en valor y relevancia al sentido peculiar de sus experiencias, involucrarlos en su significancia especial, si bien al realizarlos tuvo en cuenta el sentido primitivo de ritual, es decir la invocación a una deidad, a aquella que personifica el amor puro. El conjunto persigue un lenguaje eficaz que haga posible tanto el deseo de expresar como de retener las imágenes emotivas del momento en que se repite o se conmemoran.
Otro de los registros presentes tuvo lugar en una zona boscosa, que embellece el recorrido. Una serie de dibujos celebratorios de la condición femenina con colores pastel, y con algunos fondos iridiscentes, una rama encontrada e intervenida, uno de los vestidos utilizados y un objeto blando, lábil y dorado de gran formato forman parte de la instalación, junto a los registros de las caminatas. También tendrá lugar in situ una performance. En este caso concreto ¿qué busca Maja con ellas? Diría que recrear una instancia mítica-artística, marcar el tránsito hacia un espacio donde sea posible experimentar sensorialmente los sucesos. Y un aspecto que se ha reiterado sucesivamente a lo largo de su producción, la celebración y el gozo de la femineidad.
Patricia Rizzo
[i] [i] La ‘surgida de la espuma’ nació del mar, después de que Crono cortase los genitales a Urano y los arrojase tras él a las aguas. A su alrededor surgió del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació la doncella, ya adulta. El mito señala que Afrodita no tuvo infancia, en todas las imágenes y referencias nació adulta núbil e infinitamente deseable. Una vez que salió del mar, fue llevada por los vientos Céfiros, donde las Horas la vistieron y la guiaron a la morada de los Inmortales. Una de las etimologías la señala como el barīrĩtu asirio, un demonio femenino hallado en textos babilónicos. El nombre significa ‘la que [viene] al anochecer’, una manifestación del planeta Venus como estrella vespertina. La diosa del amor gustaba de las palomas, las que tiraban de su carro.